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    March 27

    Meoto Iwa (Rocas casadas)

    Relacionado con la anterior entrada:
     
     
     
     
     
    Las Rocas casadas (Meoto Iwa-夫婦岩) están situadas en una costa al sur de Japón, cerca del pueblo de Futami-ga-ura  (prefectura de Mie) y representan al dios Izanami y la diosa Izanagi, creadores de las islas de Japón.
     
    Las rocas están atadas por un tipo de cuerda llamada shimenawa, utilizada en los rituales de purificación de la religión shintoista. También se puede ver una pequeña puerta “Torii” sobre una de las rocas.

    Leyenda sobre el origen de Japón

       Hace miles y miles de años no se distinguían la tierra y el cielo. Todo era un caos. Sólo los dioses podían vivir; de éstos, todavía hoy se recuerdan los nombres de Izanagui y su esposa Izanami. Conocieron el amor observando a una pareja de pájaros, y en esta actitud contemplativa están representados en la mayoría de las famosas lacas japonesas. Un día decidieron separa la tierra del cielo; bajaron por el puente celeste y poco después hacían la separación. Más tarde, Izanagui tomó su lanza y la sumergió violentamente en el mar; brotaron innumerables gotas que se extendieron por toda la costa, y al instante surgieron de ellas las trescientas ochenta y siete islas que forman el Japón.

       La divina pareja tuvo varios hijos. Cuando Izanami dió a luz al dios del Fuego, murió. Su esposo, inconsolable, entró en el reino de los muertos para buscarla; por fin la encontró, y la abrazó tan fuertemente, que la deshizo. Izanami se transformó en un montón de carne putrefacta y se desparramó por el suelo. Izanagui se lavó en un lago, para purificarse, y poco después se retiró para siempre a una isla solitaria.

       Y sucedió que cierto día quiso el Sol crear un pueblo que fuera superior a todos los demás, para que habtara aquellas hermosas islas, y tomando un haz de sus propios rayos, formó una encantadora mujer, a la que llamó Amaterasu, que quiere decir diosa de la luz. Cuando la hubo creado, le dió el poder de ser diosa y madre del nuevo pueblo.

       Para que no se encontrara sola, bajó con ella del cielo un brillante cortejo de dioses, de los que únicamente se recuerdan los nombres de Ame-No-Uzume, diosa de la Alegría, y Ame-No-Moto, o Susanoo, dios de la Fuerza.

       Fué pasando el tiempo; en aquellas islas todo era alegría y bienestar, y un gran pueblo las iba llenando poco a poco. Servían con gran fidelidad a la divina Amaterasu, y cuando llegaba la mañana de cada día adoraban con humildad al Sol naciente.

       Pero aquella felicidad incomparable iba a ser turbada por el carácter violento y rebelde de Ono-Mikoto, uno de los príncipes de la corte de Amaterasu, y también de origen divino. Para enojar a la diosa, decidió matar cierto cervatillo por el que Amaterasu sentía gran cariño. Cuando lo hubo hecho, entró en el salón donde estaba la Reina y lo arrojó contra el bastidor en el que la diosa bordaba; con tanta fuerza, que rompió su labor y fué a caer sobre sus pies. Amaterasu se quedó asombrada; un profundo dolor embargó su ánimo y por vez primera lágrimas amargas asomaron a sus negros ojos y bañaron sus mejillas de rosa. Tanta pena le produjo, que pensó huir del palacio y ocultarse de la vista de los mortales, puesto que al conocer el dolor el mundo y la vida misma le parecían despreciables.

       Y así lo hizo. Una noche, cuando todos dormían en su palacio, se fué hacia el monte. Sola, como una sombra más entre las infinitas de la noche, anduvo largo tiempo, hasta que llegó a una profunda gruta. Entró en ella, y para que nadie fuera a buscarla, tapó su entrada con una enorme roca.

       Así transcurrió mucho tiempo. Aquellas islas, al no estar iluminadas por la luz de Amaterasu, quedaron sumidas en negras tinieblas. También desapareció la luz de las almas de sus habitantes; todos estaban tristes y no sabín qué hacer. Entonces los dioses decidieron traer junto a ellos a la diosa.

       Para esta empresa tenían que valerse de todo su ingenio, porque ya sabían que su Reina era firme en todas las decisiones que tomaba. Así, pues, organizaron un brillante cortejo; los mejores músicos, creadores de las más dulces melodías, formaban parte de él. Anduvieron largo rato por el bosque, hasta que por fin llegaron ante la gruta donde se encontraba Amaterasu. Una vez allí, formaron todos un gran círculo. Los músicos empezaron a tocar. Los trinos de los pájaros se fundían con las canciones; parecía que el bosque estuviera encantado. Apenas había empezado a oírse la música, uno de los dioses dijo a la diosa Ame-No-Uzume que saliera a bailar, y así lo hizo. Más hermosa que nunca, vestida con deslumbradoras túnicas, comenzó a danzar al son de la música. Sus manos dibujaban en el aire extrañas figuras y su cuerpo se movía con mágico encanto. Los dioses y todos los que integraban el cortejo, admirados de tanta belleza, no cesaban de alabar la hermosura de Ame-No-Uzume y su maestría en la danza.

       Entonce Amaterasu, extrañada de oír aquella música, sin saber de dónde venía y, sobre todo, los elogios tributados a la bella danzarina, sintió deseos de ver a qué era debido todo aquello. Poco a poco, fué acercándose a la entrada de la gruta, y para contemplar mejor lo que sucedía ante ella, corrió un poco la pesada roca que tapaba la entrada de su retiro. En aquel instante, uno de los dioses que esperaba ante la gruta tal momento, se cogió con fuerza a la roca y la retiró a un lado, dejando libre la entrada. Amaterasu se quedó maravillada ante el espectáculo que tenía ante sus ojos. Algo, sin embargo, le molestaba. No podía sufrir que los dioses admiraran tanto la belleza de Ame-No-Uzume. Y éstos, para que no se disgustara y accediese a marchar con ellos, le dieron un espejo para que pudiera contemplarse y comprobar por sí misma que era la más hermosa de todas las mujeres. Una vez tranquilizada, Amaterasu tuvo a bien acceder a la súplica de todos sus súbditos y volvió a reinar sobre ellos.

       El dios Susanoo, que se había rebelado contra ella, fué expulsado del reino y se le dió el imperio de los mares, en uno de los cuales mató de un solo tajo de su espada a un gigantesco dragón de ocho cabezas. De esta manera, la paz y la felicidad volvieron a reinar en las islas japonesas. El nieto de Amaterasu, llamado Jinmutenno, ocupó el trono imperial y fué el primer mikado o emperador de nombre conocido. Como atributos de su realeza, la diosa le entregó el espejo donde ella se miró al salir de la gruta, la espada con la que Susanoo mató al dragón de ocho cabezas y una joya. Estos objetos han sido conservados por todos los emperadores que fueron sucediendo a Jinmutenno, y aunque nadie -ni el propio mikado- los ha visto, se conservan envueltos en innumerables sedas en un templo no lejos de Tokio.

    De Jinmutenno, sin interrupción, descienden, a través de 2,600 años, todos los emperadores del pueblo japonés.

       En cuanto a la diosa Amaterasu, viendo asegurada su dinastía en el trono imperial, pidió a su padre, el Sol, que la llevara junto a él, y, envuelta en su luz, se fué a su lado; allí permanece desde entonces, y, transformada en rayos luminosos, vela siempre sobre su pueblo.

    February 13

    Fushimi Inari

     
     
    Fushimi Inari taisha (伏見稲荷大社) es un santuario (jinja, 神社) shintoista dedicado al espiritú de Inari, y situado en Fushimi-ku, Kyoto. Es especialmente conocido por los miles de tooris rojos que delimitan el camino por la colina en la cual se encuentra situada el santuario. Al espiritú de Inari se le considera como protector de las cosechas, especialmente de arroz, y en consecuencia históricamente ha sido asociado con la riqueza. Las compañías a menudo hacen ofrendas a los santuarios de Inari en forma de barriles de sake o de torii.
     
    En la base de la colina se encuentra el santuario Go Honden (御本殿) y la puerta de Sakuramon (桜門). Tras recorrer los caminos de senderismo franqueados por toriis, se puede parar en los varios puestos de comida que ofrecen Kitsune udon, un popular plato de fideos que toma su nombre de los zorros (kitsune), que son los mensajeros de Inari. La estatuas de zorros a menudo se encuentran representadas en los santuarios de Inari con una llave (para el granero que conserva el arroz) en sus bocas.
     
    En lo alto de la colina está el santuario principal. A diferencia de la mayoría de santuarios shinto, y al igual que otros santuarios dedicados a Inari, es posible ver de forma abierta el ídolo contenido en el santuario (un espejo).
     
    Al comenzar a caminar bajo los miles de toriis uno siente que verdaderamente está en el Japón tradicionalista de Kyoto, es difícil expresarlo con palabras, pero si alguna vez tenéis la oportunidad de ir, perded el día entero recorriendo el santuario por completo, es un recorrido de unos 4 kilómetros monte arriba, aderezado con unas arañas de tamaño bastante grande, pero merece la pena recorrerlo entero para admirar la tremenda belleza natural que emana del lugar. Admirar la conservación casi perfecta de las puertas, pasar por debajo de los pasillos que forman en conjunto, contemplar el verde de fondo a traves de las aberturas laterales entre torii y torii es una experiencia que no tiene precio.
     
    En las partes más altas del recorrido por el santuario, hay algunos claros en el bosque de toriis por los cuales se pueden ver vistas verdaderamente preciosas de la ciudad de Kyoto. Lo bueno de éste santuario es que no atrae especialmente la atención del turismo en general, pr lo que si la cosa no cambia demasiado, podréis visitarlo con total tranquilidad.
     
    Desviándose en cierto punto del recorrido, hay un bosque de bambú por el cual Varius y yo bajamos hacia la entrada una vez subimos hasta la cima y regresabamos abajo. Sin duda toda una ruta alternativa para recorrer, la cual es altamente recomedable para todo aquel que guste de hacer senderismo.
     
    En la base del santuario, se encuentran algunas tiendas en las que podréis comprar el recuerdo más carácterístico de Fushimi Inari, un torii rojo a imitación de los que pueblan el monte o una pequeña estatuílla de un zorro.
     
    El zorro, como antes se ha mencionado, cuenta con un lugar de honor dentro del santuario. Según la religión shinto, el zorro es una deidad mensajera y guardián del dios del arroz Inari, por lo que el lugar está repleto de estatuas de zorros.
     
    Como nota curiosa, decir que el santuario aparece al final de la película Memorias de una Geisha y en algún que otro anime.
    November 20

    Katanas

     
     
     
     
     
    La katana es un sable japonés (daitō), aunque en Japón esta palabra es usada genéricamente para englobar a todos los sables. Se refiere a un tipo particular de sable de único filo, curvado, tradicionalmente utilizado por los samurai. Su tamaño más frecuente ronda el metro de longitud y el kilo de peso.
    El tipo de Katana más difundido en la actualidad es el conocido como "Oda Nobunaga", en alusión al shogún creador de dicho modelo, de hoja curva y alrededor de un metro de longitud total.
     
    Debido al carácter curvo de su hoja y a su único filo, la katana debe ser considerada un sable, antes que una espada. Como tal, está fundamentalmente orientada al corte más que a la estocada. Su curvatura surge de la necesidad de obtener un corte eficaz cuando se maneja desde la montura del caballo; la hoja recta tiende a "empotrarse" en el momento del corte, mientras que la curva obtiene siempre un corte tangencial a la trayectoria del arma y con ello evita que la katana se quede bloqueada.
     
    La katana es utilizada primordialmente para cortar y es frecuentemente considerada una "guillotina de mano". Se la desenvaina llevando el filo hacia arriba y se la puede blandir con una o dos manos (siendo esta última modalidad la tradicional).
    Aunque el arte del manejo del sable japonés según su propósito original ha quedado en la actualidad casi obsoleto, el kenjutsu ("Técnicas de Sable") se ha convertido en gendai budō - un arte marcial moderno. Mientras que la esencia de su manejo persiste en el iaidō (antiguamente iai jutsu), que es el arte de "desenvainar cortando" y kendō ("Vía del Sable") wue es el arte de esgrimir una espada de bambú conocida como shinai utilizando como protección una máscara (Men) y una armadura (Mune). Las viejas escuelas de espadas koryū aún existen (Kashima Shintō Ryū, Kashima Shin Ryū, Katori Shintō Ryū).
     
     
     
    Método de fabricación
     
    Materiales necesarios:
     
    - Acero de Aleación 1050, 1070, 1095, Damasco, etc..
    - Horno
    - Tenazas, Martillo y yunque
    - Mucho carbon para alimentar el Horno
    - Piedras de pulir de distintos grosores
    - Mucha agua para el pulido


    Supongo que nadie que lea esto se atreverá a llevar a cabo esta tarea, pero seguro que más de uno se a preguntado alguna vez por el proceso de forja de los más míticos sables de todos los tiempos. En realidad el proceso no es nada complicado (aunque sí muy laborioso).

    Por cierto, lo de los materiales que he listado arriba es completamente cierto. Actualmente se utiliza Acero de aleación 1050 (el mismo usado en la construcción de ballestas de camión) por ser el más parecido al que se usaba para forjar las katanas (y el resto de espadas de todo el mundo). También se utiliza acero inoxidable 420, 440, 1070, 1095, etc..Los antiguos japoneses se hacían ellos mismos el acero, en un proceso muy lento en el que cocían en un horno cerrado distintas capas de hierro, carbón y material orgánico durante más de un mes.

    Gracias a la tecnología actual, los hornos se calientan muy rápido y de manera uniforme, pero antiguamente el simple hecho de elevar la temperatura de un horno hasta los 900º C. mínimos que necesita el acero para fundirse requería un mes entero de alimentación contínua con carbón.

    El acero que se utilizaba (y se sigue utilizando) viene en forma de pequeño ladrillo rectangular, que es lo que se convertirá mediante la forja en la hoja de la espada


    Así pues se introduce el ladrillo en el horno hasta que alcanza el punto de fusión sin pasarse, porque sino se convierte en líquido y perdemos el acero. Lo interesante es que esté lo suficientemente blando como para manipularlo.

    Alcanzada la temperatura ideal, golpeamos con el martillo el ladrillo de modo que se hace más fino y alargado. Cuando ha alcanzado el doble de su longitud original se realiza una incisión justo en el medio y se dobla sobre sí mismo hasta obtener exactamente el mismo ladrillo original, pero con dos capas de acero entre sí

    Nuevamente se vuelve a golpear el acero para alargar su longitud (y de paso soldar sus dos nuevas capas entre sí) hasta que vuelve a ser el doble de largo, momento el cual volvemos a doblar sobre sí mismo el acero, obteniendo de esta forma un ladrillo de 4 capas de acero.

    Este método de doblar el acero sobre sí mismo se repite un intervalo de 8 a 12 veces, del cual se obtiene un ladrillo de acero de la misma longitud original, pero con una cantidad de entre 256 y 4096 capas de acero unidas entre sí (2^8 y 2^12).

    Este es el método que diferencia el método de forja de las katanas con el de las espadas europeas. A pesar de la creencia común, este proceso no mejora las cualidades mecánicas del acero, pero si tiene varias ventajas, sobre todo respecto al acero antiguo, mucho más impuro y carbonatado que el actual (un exceso de carbón endurece el acero, pero lo fragiliza como si fuera cristal)


    Elimina las impurezas del carbón, las burbújas de aire y el exceso de carbono.

    Reparte el carbono homogéneamente por toda la hoja, eliminando puntos débiles.

    Le da su carecterístico grano brillante.


    En contra de otra creencia popular, a más veces se doble no se obtiene un acero mejor, de hecho a partir de las 12 capas la estructura del acero se debilita. Un acero doblado 20 veces (¡esto es 2^20 = 1.048.576 capas!) es prácticamente inusable en combate.

    Por cierto, durante este lento y laborioso proceso el acero se enfría rápidamente, de modo que hay meterlo en el horno contínuamente para recuperar el punto de fusión y poder forjarlo.

    Así pues, el ladrillo que hemos conseguido tiene una cantidad muy baja de carbono (entre un 1% y un 0.5%) gracias a este doblaje. Este acero es bastante flexible lo cual está bien para absorber golpes y que dure en combate, pero es posible que no sea lo suficientemente duro para obtener un buen filo (y el filo de una katana debe ser extremadamente duro), de modo que recurriremos a la segunda característica de las katanas: utilizar dos aceros para la misma hoja.

    En efecto, apartamos el ladrillo obtenido, que será el núcleo de la espada, y cojemos un segundo ladrillo sin doblar al cual le realizaremos el mismo proceso de doblaje, pero en mucha menos cantidad (unas 4 o 5 veces serán suficientes). De este modo obtenemos un acero con más carbono, lo que lo hace extremadamente duro, pero más frágil. Este será el acero que se usará para el filo.

    Ahora se corta el segundo ladrillo en trozos que puedan rodear completamente el primer ladrillo.

    Metemos el conjunto en el horno y lo golpeamos sucesivamente hasta hacerlo de la longitud que deseamos (normalmente unos 80 cm. de longitud).

    Y le damos la forma típica de una hoja de katana, para ello golpeamos el rectángulo hasta obtener el grosor del lomo (0.5 cm.) y después golpeamos la parte del filo hasta hacerlo extremadamente fino (unos pocos milímetros), de modo que pueda cortar. Esta diferencia entre la forma de forjar el lomo y el filo también es otra característica de las Katanas y se amplía más adelante. También le hacemos la forma de la punta y la del nakago (la parte que se inserta en la empuñadura).

    Es bastante feo. Y además ¡es completamente recta! No os preocupeis, la típica curvatura se obtiene en el siguiente paso.

    Hemos forjado la hoja, pero no está aún templada. El temple consiste en elevar la temperatura de la hoja hasta el punto de fusión para después introducirla en agua fría de modo que se enfríe rápidamente. Este proceso le da al acero una dureza extrema. La explicación científica es que, al elevar el acero a su punto de fusión, el carbono "sube" hasta la superficie y al enfriarse se mezcla de nuevo con el interior. Sin embargo, si se enfría extremadamente rápido (introduciéndolo en agua), el carbón queda "atrapado" en la superficie, haciéndolo mucho más duro. De hecho tan duro que resulta también bastante frágil, hecho por el cual es introducido nuevamente en el horno para liberar parte de la "tensión" y que la hoja no resulte tan frágil como un cristal.

    Pero nosotros tenemos un problema, resulta que queremos un filo extremadamente duro, útil para cortar y que no se melle a la primera de cambio, pero no queremos que el lomo sea tan duro, sino más flexible, para que pueda resistir los golpes que va a recibir. ¿Como lo hacemos? He aquí otra característica de la Katana: el templado diferenciado.

    Lo que se hace es cubir el lomo con una cantidad considerable de arcilla y dejar el filo con una mínima cantidad, o sin nada de arcilla.


    Se calienta todo en el horno y luego se templa introduciéndolo en agua fría. Las partes cubiertas con más arcilla (el lomo) se enfría mucho más lentamente que el filo, con lo cual conseguimos un temple duro para el filo y otro más blando para el lomo. Además presenciamos un efecto elemental: El acero que más rápidamente se endurece (el filo) "estira" al más blando (el lomo), dándole a la hoja, por fin, su tan característica curvatura.


    El Hamon, o línea de templado, tan característica en las katanas, no es sino la zona de separación entre las distantas zonas de templado. Como la arcilla se coloca manualmente, el hamon de cada katana es completamente única. Vamos, que es una forma de huella dactilar de la Katana.

    Ahora pulimos la superficie la hoja un poco para darle un aspecto completamente liso y de paso insertamos el habaki o frenillo (que mal suena) de la hoja.

    Y ya sólo queda el lento y delicado proceso de pulido final. Lento porque se va pasando la hoja por sucesivas piedras cada vez más finas, requeriendo horas de trabajo por cada centímetro de la hoja, y delicado por que un pulido inexperto puede arruinar la simetría de la hoja, pero el resultado final salta a la vista.

    Como podeis ver, en este punto se practica el mekugi-ana (agujero del nakago) donde se insertará el tope que lo mantendrá fijo en la empuñadura.

    Así a lo tonto, ya hemos invertido probablemente más de un mes en la creación completa de la hoja. Las mejores katanas tardaron incluso un año en fabricarse. Pero aún no hemos acabado.

    Primero, tenemos que fabricar la Tsuba (la guardia de la hoja). Su construcción es mucho más sencilla (hierro sin forjar), pero su grabado resulta ser todo un arte, pues cuando la katana estaba enfundada, era la parte visible de la misma, y la que podía indicar el estátus o el carácter de su dueño, de modo que nuevamente tenemos un proceso delicado.

    Después se fabrica la empuñadura. Ésta normalmente está hecha de madera de roble recubierta de piel de tiburón o de raya (para mejorar su agarre) y por encima se enrollan de manera cruzada tiras de algodón o cuero que aumentan el agarre y comodidad y le da su típico aspecto. La hoja se inserta en su interior y se fija mediante un tope de metal o de bambú al mekugi-ana.

    La funda o saya se fabrica normalmente de madera lacada, aunque también existían las fundas de metal. La misma tiene incorporada una tira de 1.8 o 2 metros de algodón o cuero llamado sageo, que se ata al cinturón (Obi) del Hakama y que también puede ser usada como cuerda auxiliar para sujetar cosas o para apresar a un enemigo. La boca de la Saya (Koi-Guchi) suele llevar un refuerzo de cuerno de búfalo para evitar el desgaste por rozamiento con la hoja.

    Y ya está, este es el proceso, más o menos resumido, de como se forjaban las Katanas. Por supuesto, me he saltado muchos detalles que se alejan del propósito de lo que os quería contar. Si alguien está de verdad interesado en forjar una espada, casi mejor que consulte a un especialista.
    November 18

    Samuráis

    Éste texto está recopilado de innumerables webs y demás fuentes. He querido resaltar las virtudes de los que fueran los más grandes y disciplinados guerreros que jamás ha conocido el mundo: los samuráis...
     
     
    El Credo del Samurai
     
    - No tengo parientes, Yo hago que la Tierra y el Cielo lo sean.
    - No tengo hogar, Yo hago que el Tan T'ien lo sea.
    - No tengo poder divino, Yo hago de la honestidad mi poder divino.
    - No tengo medios, Yo hago mis medios de la docilidad.
    - No tengo poder mágico, Yo hago de mi personalidad mi poder mágico.
    - No tengo cuerpo, Yo hago del estoicismo mi cuerpo.
    - No tengo ojos, Yo hago del relámpago mis ojos.
    - No tengo oídos, Yo hago de mi sensibilidad mis oídos.
    - No tengo extremidades, Yo hago de la rapidez mis extremidades.
    - No tengo leyes, Yo hago de mi auto-defensa mis leyes.
    - No tengo estrategia, Yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir la vida mi estrategia.
    - No tengo ideas, Yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas.
    - No tengo milagros, Yo hago de las leyes correctas mis milagros.
    - No tengo principios, Yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.
    - No tengo tácticas, Yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas.
    - No tengo talento, Yo hago que mi astucia sea mi talento.
    - No tengo amigos, Yo hago de mi mente mi amiga.
    - No tengo enemigos, Yo hago del descuido mi enemigo.
    - No tengo armadura, Yo hago de la benevolencia mi armadura.
    - No tengo castillo, Yo hago de mi mente inamovible mi castillo.
    - No tengo espada, Yo hago de mi No mente mi espada.
     
     
    Sobre el valor:
    El camino del valiente no sigue los pasos de la estupidez.
     
    Sobre la lealtad:
    Un perro sin amo vagabundea libre. El halcón de un Daimyo (Señor Feudal) vuela más alto. Solo hay una lealtad superior a la del samurái hacia su Daimyo: la del Daimyo hacia sus súbditos.
     
    Sobre el Respeto:
    Un alma sin respeto es una morada en ruinas. Debe ser demolida para construir una nueva.
     
    Sobre la Excelencia:
    La perfección es una montaña inescalable que debe ser escalada a diario.
     
    Sobre la Venganza:
    La ofensa es como un buen haiku (Breve poema japonés de tres versos): puede ignorarse, desconocerse, perdonarse o borrarse, pero nunca puede ser olvidada.
     
    Sobre la Espada:
    Mi hoja es mi alma. Mi alma pertenece a mi Daimyo. Ultrajar mi hoja es afrentar a mi Daimyo.
     
    Sobre el Honor:
    La muerte no es eterna; el deshonor, sí.
     
    Sobre la Muerte:
    El samurái nace para morir. La muerte, pues, no es una maldición a evitar, sino el fin natural de toda vida.

     

    Samurái es un término comúnmente utilizado para referirse a los guerreros del Japón antes de su ingreso a la industrialización; su significado es "guardián". Un término más adecuado es bushi, que significa literalmente "hombre de guerra", cuyo uso data del período Edo. Sin embargo, ahora es común que la palabra samurái se refiera a la aristocracia militar y no, por ejemplo, a los ashigaru o soldados de infantería reclutados de entre los campesinos; el significado de Ashigaru es "pies ligeros", debido a que portaban una armadura liviana; su arma principal era el Yari (lanza). El samurái que no tiene vínculos con un clan o un daimyo es conocido como ronin, "hombre ola".

    Se daba por sentado que los samurai eran muy ilustrados y cultos, y con el pasar del tiempo, perdieron sus deberes militares durante el shogunato Tokugawa. Al finalizar la era Tokugawa, los samurái devinieron en funcionarios civiles de los daimyo y sus espadas sólo cumplían propósitos ceremoniales. Las reformas de la restauración Meiji, acaecidas a fines del siglo XIX, abolieron a los samurái como clase militar, tendiendo a un ejército más occidentalizado. En el Japón de nuestros días, aún sobrevive el bushido, el estricto código de los samurái, así como muchos otros aspectos de su estilo de vida.

    El Bushido procede del Budismo, Zen, Confucionismo, y Sintoísmo. La combinación de esas 3 escuelas de pensamiento y religiones ha formado el código de los guerreros conocido como Bushido.

    Del Budismo el Bushido toma la relación con el peligro y la muerte. El samurái no teme a la muerte ya que creen, tal como enseña el Budismo, que tras la muerte se reencarnarán y volverán a vivir otra vida en la tierra. Los samuráis son guerreros desde el instante en que se transforman en samuráis hasta el momento de su muerte, ellos no tienen miedo al peligro.

    A través del Zen, una escuela del budismo, uno puede alcanzar el definitivo "absoluto".

    La meditación Zen enseña como concentrarse y alcanzar un nivel de pensamiento que no puede ser explicado con palabras. El Zen enseña como "conocerse a si mismo" y no limitarte. El samurái utiliza ésto para como una herramienta para desembarazarse del miedo, la inseguridad y finalmente los errores. Estas cosas podrían matarle.

    El Sintoísmo, otra doctrina japonesa, da al Bushido su lealtad y patriotismo. El Sintoísmo incluye la veneración a los ancestros, lo cual hace a la Familia Imperial la fuente de la nación. Esto da al Emperador una reverencia casi divina. El es la representación del Cielo en la Tierra. Con semejante lealtad, el samurai se compromete con el Emperador y a su Daimyo o señor feudal, samurai de mayor rango.

    El Sintoísmo también proporciona la columna vertebral del patriotismo hacia su país, Japón. Ellos creen que la Tierra no esta para satisfacer sus necesidades, "es la residencia sagrada de los dioses, los espíritus de sus antecesores..." (Nitobe 14) La Tierra es cuidada, protegida y alimentada por un intenso patriotismo.

    El Confucionismo proporciona sus creencias en las relaciones con el mundo humano, su entorno y su familia. El Confucionismo da importancia a las 5 relaciones morales entre Maestro y Siervo, Padre e Hijo, Marido y Esposa, Hermanos mayor y menor, y Amigo y Amigo. Esto es lo que sigue el Samurai. Sin embargo el Samurai no esta de acuerdo con muchos de los escritos de Confucio. Ellos creen que el hombre no debe sentarse y pasarse todo el día leyendo libros, ni debería estar escribiendo poesías todo el día, un intelectual especialista era considerado como una maquina. En vez de eso el Bushido cree que el hombre y el universo fueron hechos para ser semejantes tanto en espíritu como ética.

    Junto con esas virtudes, el Bushido también sigue con sumo respeto la Justicia, Benevolencia, Amor, Sinceridad, Honestidad, y auto-control. La Justicia es uno de los principales factores en el código del Samurai. Caminos torcidos y acciones injustas son consideradas denigrantes e inhumanas. Amor y Benevolencia eran virtudes supremas y actos dignos de un príncipe. Los Samurais seguían un ceremonial especifico cada día de su vida, así como en la guerra. Sinceridad y Honestidad eran tan valoradas como sus vidas. Bushi no ichi-gon o "La palabra de un samurai" trasciende un pacto de confianza y completa fe. Con dichos pactos no había necesidad de ponerlo por escrito.

    El Samurai también necesitaba un completo auto-control y estoicismo para ser totalmente honroso. No mostraba signos de dolor o alegría. Soporta todo interiormente, nada de gemidos y lloros. Siempre mostraba un comportamiento calmado y una compostura mental que hacían que ninguna pasión de ningún tipo debería interponerse. El era un verdadero y completo guerrero. Los factores que hicieron el Bushido son pocos y simples. Así de simple, el Bushido creo un modo de vida para mantener a una nación a través de sus tiempos mas problemáticos, a través de guerras civiles, desesperación e incertidumbre.

    "El conjunto de las naturalezas poco sofisticadas de nuestros ancestros guerreros derivaron en un extendido alimento para sus espíritus desde una madeja de enseñanzas fragmentadas y vulgares, recogidas como si fueran caminos desviados de antiguos conocimientos, y, estimulados por las demandas de una era que formo a partir de todos esos esquejes un nuevo y único modo de vida" (Nitobe 20)

     

    El Samurái y su uso del Bushido

    En Japón la clase guerrera era conocida como samuráis, también llamada Bushi. Formaron una clase durante los siglos IX y XII. Emergieron de las provincias de Japón para transformarse en la clase gobernante, hasta su declive y total abolición en 1876, durante la era Meiji. Los samuráis eran luchadores, expertos en las artes marciales. Tenían notable habilidad con el arco y la espada. También eran grandes jinetes. Eran hombres que vivían siguiendo el Bushido; era su modo de vida. La lealtad total del samurai era para su Emperador y para su Daimyo. Eran honestos y de total confianza. Vivían vidas frugales, sin intereses en la riqueza y cosas materiales, pero con gran interés en el orgullo y honor. Eran hombres de valor verdadero. Los samuráis no temían a la muerte. Entablarían batalla sin importar cuales fueran las dificultades. Morir en la guerra reportaría honor a su familia y a su señor.

    Los samuráis preferían luchar solos, uno contra otro. En batalla un samurái "invocaría" el nombre de su familia, Rango y hazañas. Entonces buscaría un oponente de similar rango y batallarían. Cuando el samurái acaba con su oponente le decapita, para así tras la batalla retornar con las cabezas de los oponentes vencidos que acreditan así su victoria. Las cabezas de los generales y aquellos con alto rango eran transportadas de vuelta a la capital y mostradas en las celebraciones y similares.

    La única salida para un samurái derrotado era la muerte o el suicidio ritual: seppuku.

    Seppuku, desentrañamiento también conocido como Hara-Kiri, es cuando un samurái literalmente se saca las entrañas. Tras ese acto, otro samurai, usualmente un amigo o pariente, le corta la cabeza. Esta forma de suicido era realizada bajo diferentes circunstancias "Para evitar la captura en batalla, captura que el samurai no consideraba deshonrosa y degradante, pero de mala política; para expiar un acto indigno o fechoría; y quizás mas interesantemente, para advertir a su Señor". Un samurái preferiría matarse a si mismo antes que traer deshonor y desgracia al nombre de su familia y a su Señor. Esto era considerado un acto de verdadero honor.

     

    Armamento y equipo de los samuráis

    Los samuráis contaban con un amplio arsenal. Siempre se dice que el alma de un samurái se encontraba en la katana que portaban. En ocasiones, se representa al samurái como un guerrero totalmente dependiente de su katana para combatir. Sin embargo, ésta es una diferencia que guarda relación con la importancia de la ballesta en la Europa medieval y lo que representa una espada para un caballero: se trata más bien de un símbolo de status y no de un arma tan importante para el samurái. Al cumplir los 15 años, en una ceremonia conocida como Genpuku, el niño recibía un wakizashi, un nombre de adulto y se convertía en samurái. Esto le daba derecho a portar una katana, aunque ella comúnmente estaba asegurada con cuerdas para evitar su desenvaine accidental. Katana y wakizashi juntos eran conocidos como daisho, que significa, literalmente, grande y pequeña. El hecho de estar sujeta con amarres complicados para evitar el desenvaine accidental se debía a la creencia que un portador de sables (katana) era un señor dador de vida o muerte; si se desenvainaba un sable se debía usar, y se decía que el alma de un sable reclamaba una víctima en compensación de "haberlo despertado" (desenvainado).

    El arma comúnmente utilizada por el samurái era el yumi o arco y mantuvo en tal privilegio durante siglos, hasta la llegada de la pólvora y el rifle en el siglo XVI. Un arco compuesto de estilo japonés era un arma poderosísima. Su tamaño le permitía emplear varios proyectiles, como flechas en llamas o flechas de señalización, con gran precisión en distancias de hasta 50 metros y hasta 100 metros así dar exactamente en el blanco no era importante. Se empleaba generalmente de pie tras un tedate, que era un muro de bambú móvil y de gran tamaño, pero también se le podía utilizar mientras se montaba a caballo.

    Otra arma del samurái era el Tanto, cuchillo que servía para proteger su honor, llegando al suicidio ritual (Seppuku).

     

    El fín de una era...

    Los samuráis fueron la clase dominante durante 1400 y 1500. En 1600 era el tiempo de la unificación, las luchas en Japón habían cesado. Entonces, avanzado el final de la era Tokugawa, en los últimos 1700 Japón comenzó a moverse hacia una vida mas modernizada, mas "Occidental". Los samuráis y su modo de vida fueron oficialmente abolidos en los primeros años de 1870.No había necesidad para los hombres luchadores, para los guerreros, para los samuráis.

    Pero no fueron olvidados del todo. Es algo que da que pensar.

    November 08

    Bushido

    En la tradición japonesa, el bushido es un término traducido como "el camino del guerrero". Muchos samuráis entregaban sus vidas al bushido, un código estricto que exigía lealtad y honor hasta la muerte. Si un samurái fallaba en mantener su honor podía recobrarlo practicando el seppuku (suicidio ritual).
     
    El bushido es un código ético particular. En su forma más pura, el bushido exige a sus practicantes que miren efectivamente hacia atrás, al presente desde el momento de su propia muerte, como si ya estuvieran muertos. Esto es particularmente verdadero en las formas más tempranas del bushido o budo.
     
    Las férreas doctrinas que se desprenden del bushido propiciaron el trato brutal y denigrante que las autoridades japonesas otorgaron a los prisioneros de guerra, tanto civiles como militares, durante la Segunda Guerra Mundial. Una de las cosas que enseña el bushido es el absoluto desprecio por el enemigo que se rinde, puesto que esto es un deshonor que hace preferible la muerte.
     
    Occidente ve con romanticismo esta filosofia sin querer darse cuenta que en su origen posee una dosis de clasismo y racismo. Aun así, muchos maestros de hoy ven el bushido actual como una forma evolucionada de su original propósito guerrero; el maestro Morihei Ueshiba, también conocido como Oh Sensei divulgó un nuevo estilo de ver el bushido donde el combate puede entenderse como una forma de vida armónica a través del Aikido o camino de la energía en armonía. En éste arte marcial la filosofía del bushido se funde con un pensamiento más civilizado, donde la tolerancia es una estrategia y a la vez una forma complementaria y fluída de combate, la que permite conocer al oponente venciéndolo en su propio terreno y sin causar daño físico, con el consiguiente respeto que puede llegar a significar en la mente de un "enemigo" racional, todo esto sin dejar de ser bushido.
     
    El bushido visto desde el punto de vista del aikido funda su base en la idea de que un samurái podía vencer a un enemigo sólo con estrategia e inteligencia y sin necesidad de desenvainar la espada.
     
    En su forma original, sin embargo, se reconocen en el bushido siete virtudes asociadas:
     
    - Gi - Rectitud (decisiones correctas)
    Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia. Para un auténtico samurái no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia. Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.
     
    - Yuu - Coraje
    Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurái debe tener valor heróico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heróico no es ciego. Es inteligente y fuerte. Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.
     
    - Jin - Benevolencia
    Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos. Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.
     
    - Rei - Respeto
    Los samurái no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurái es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales. Un samurái recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurái se vuelve evidente en tiempos de apuros.
     
    - Makoto - Honestidad, Sinceridad absoluta
    Cuando un samurái dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de "dar su palabra" no ha de "prometer", el simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer. Hablar y hacer son la misma acción. Como curiosidad recalcaré que los miembros del Shinsen Gumi llevaban el kanji de Makoto en sus estandartes.
     
    - Meiyo - Honor
    El auténtico samurái sólo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quién eres en realidad. No puedes ocultarte de ti mismo.
     
    - Chuugi - Lealtad
    Para el samurái, haber hecho o dicho "algo", significa que ese "algo" le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan. Un samurái es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel. Las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas donde quiera que él vaya. Cuidado con el camino que sigues.
    November 02

    Ikebana

    El Ikebana es el arte floral japonés. La palabra Ikebana (生け花 o いけばな) significa "flor viva colocada" (生け, ike, colocar; 花, bana (sonoración de hana), flor) y denomina el arte japonés de arte floral. También se conoce como kadō (華道 o 花道): el camino de las flores. Proviene de una antigua tradición que tenían los budistas chinos de hacer ofrendas florales a Buda, su dios. Fue durante el s. VI en el que los misioneros chinos que se fueron a Japón dieron a conocer este arte. A partir de entonces y hasta el s. XV el Ikebana mantuvo su condición de ofrenda divina, llegó un momento en el que perdió sus connotaciones religiosas. 
    Pero hasta ese momento el ikebana dio muchas vueltas. En un principio, dicho acto consistía en una sencilla ofrenda floral (incluso a veces sólo se ofrendaban sólo los pétalos, como por ejemplo en la India), no fue hasta el s.X, durante el cual en Japón se empezó a embellecer un poco dicha ofrenda, y se incluyeron elementos como recipientes y demás.
     
    El Ikebana se basa en la armonía de una simple construcción lineal y la inclusión de flores o elementos que nos puede ofrecer la propia naturaleza. A lo largo de los siglos, han habido multitud de escuelas de Ikebana, todas ellas con sus características y sus manías.
    La primera escuela fue la de Ono no Imoko, conocida como Ikebono, creada a principios del s. VII. Su creador fue un japonés que tuvo la oportunidad de ir tres veces a la corte de la China Imperial. Cuando se retiró, se convirtió en el guardián del monasterio budista Rokkaku-do, situado a las afueras de Kyoto y allí se convirtió en abad. Pasó a llamarse Semmu y se hospedó en una pequeña casa llamada ike-bo-no (casa del lago). De ahí vino el nombre de la escuela. De sus viajes a China aprendió el arte de las ofrendas florales, cosa que aprovechó para perfeccionar en su retiro y establecer unas primeras normas. Pero a partir de él, surgieron cantidad de escuelas que tienen su propias características, simbologías y demás detalles.
     
    Los materiales que se usan para la construcción son flores, hojas, cereales, hierbas, ramas, semillas, frutas, vegetales etc... Dichos materiales podían ser vivos, secos o artificiales. En un principio se prefería el uso de materiales del lugar, aunque dicha condición con el tiempo se fue perdiendo (propiciada en cierto modo por la apertura al mundo que protagonizó Japón a finales del s. XIX). Otro aspecto importante dentro del ikebana es el diseño. Las partes más importantes del diseño son el color, la forma, la textura y la línea. El color y la forma vienen dadas por la propia naturaleza del elemento escogido, aunque con la creación de las escuelas modernas, dicha naturaleza podía modificarse. La textura venía determinada por la superficie de los materiales usados y la línea era expresada por la ramas que tenía dicha composición. Todos estos detalles eran imprescindibles para hacer una buena obra de ikebana.
     

    Escuelas representativas de ikebana
     
    - Koryu: También conocida por Ko. Fue creada durante el periodo Tokugawa (1603-1868). Recibían clara influencia del estilo Ikebono. Sus composiciones eran conocidas como Nageire, caracterizadas por la espontaneidad estilística.
     
    - Ohara: A principios del s. XX, Ohara Unshinfundó una escuela e introdujo un estilo, el estilo Moribana. En un principio las aspiraciones de su creador eran las de ser escultor, pero como no pudo, se dedicó al Ikebana. Empezó aprendiendo en la escuela Ikebono, pero le pareció un estilo demasiado rígido. A todo esto, hay que sumarle la llegada de materiales extranjeros, por lo que Ohara estaba de acuerdo en usar. Por esa razón creyó oportuno crear una escuela y un estilo propio, el Moribana, en el que se daba más libertad al artista.Usaban largos jarrones de cuello estrecho. A lo largo del s. XX, esta escuela ha cosechado más éxito que las antiguas escuelas.
     
    - Sogetsu: Otra escuela creado en este siglo. Dicho estilo fue creado en la década de los 30 por un grupo de críticos que no estaban de acuerdo con los estilos clásicos y que crearon la escuela Sogetsu (1927), liderada por Sofu Teshigahara. Un soplo de aire fresco para un arte que posiblemente había quedado muy estancado en formas demasiado rígidas y arcaicas. En esta escuela y con la introducción de su estilo, el Zen´ei ikebana, se da una total libertad al artista. Por llamarlo de alguna manera, el Ikebana vanguardista.
     

    Estilos de ikebana
     
    - Rikka: En un principio era una creación de siete ramas, cada una de las cuales representan una parte del Monte Meru (perteneciente a la cosmología budista). También se podía dividir entre una parte de luz y otra de sombra (algo que en China se conocía como Ying y Yang). Con el tiempo las estructuras se modificaron, pasando a ser de nueve o incluso once ramas. El estilo Rikka era usado para ocasiones ceremoniales. En 1999 se divide en Shofutai que es el estilo más tradicional y Shimputai mucho más libre y expresivo.
     
    - Shoka: Se trata de un perfeccionamiento del estilo Rikka llevado a cabo por el maestro Senjo Ikenobo. Sus construcciones son de tres ramas y mayoritariamente con forma triangular. Representan el cielo, el hombre y la tierra, que son las tres partes en las que dividen el universo. Dicho estilo se caracteriza por el orden, presentando los elementos de sus composiciones de una manera natural, tal y como se manifiestan cuando están en libertad. La composiciones eran mucho más sencillas que las del estilo Rikka. En 1977, también se dividió en dos estilos al igual que el Rikka, Shofutai más arraigado en ñas formas tradicionales y Shimputai, más moderno y permitiendo mayor libertad al artista.
     
    - Nageire: Teniendo como patrón a seguir una estructura triangular y una armonía cromática, el resto de la composición queda en manos de la espontaneidad del creador. Una de las formas típicas del Nageire es la que está compuesta por una rama larga y a partir de ella unas flores situadas en la base. Proviene del estilo Rikka, se usó para denominar a las lujosas creaciones que tuvieron cierta fama durante el s. XVII. Actualmente se las llama así a las creaciones con un estilo más independiente.
     
    - Moribana: Usado por el creador de la escuela Ohara, Ohara Unshin, el estilo Moribana rompe con las características de los estilos más antiguos, desmarcándose del resto al usar flores que eran importadas y la estructura triangular clásica, pero dándole un plano tridimensional. En las creaciones del estilo Moribana se hace una división en cuatro cuartos, cada uno de ellos representa una estación del año y decorado con las flores que pertoca a dicha estación.
     
    - Zenei: Estilo caracterizado por la libertad que se le da a la hora de crear las composiciones, dejando de lado las normas impuestas por las escuelas antiguas. En sus composiciones, rompían con todo lo establecido, usando elementos nuevos, como el plástico o el cristal, tomando patrones hasta ese día nunca establecidos y en definitiva, dejando rienda suelta a su imaginación, sin limitar en ningún aspecto.
     
     
    Evolución
     
    Fue a partir del siglo XV cuando, el Ikebana llega a la categoría de arte, prescindiendo completamente de su precedente religioso. A partir de ese momento, si no lo había hecho antes, tomaba un cariz mucho más filosófico que antes. Una de las características que se pueden comprobar a lo largo de los siglos con el Ikebana es que se han ido creando escuelas que simplificaban, cuando no repudiaban, los estatutos del estilo Rikka. El Shoka simplifica las a su predecesor, pero es que el Moribana y el Zen´ei ikebana rompen totalmente con el Rikka.
     
    La incorporación de la mujer también es un dato a destacar. No fue hasta el s. XIX que la mujer empezó a practicar el ikebana, aunque el predominio de los hombres es notable todavía. Hasta entonces, dicho arte era exclusivo de nobles, sacerdotes o guerreros en detrimento del resto de la población. Actualmente en Japón hay de 2000 a 3000 escuelas, a pesar de que entre algunas de ellas no hay apenas diferencias. Los estilos más modernos son los que gozan de más éxito frente a los antiguos.
     
     
     
    Thx to wikipedia & grancanariaweb
    June 21

    Yamatano Orochi

     Aquí tenemos la leyenda original de Orochi segun la mitologia japonesa. Esta leyenda ha influido en muchos animes que se ven por ahi como Naruto, Blue Seed, Yakumo Tatsu o la ya de sobra conocida saga de videojuegos The King of Fighters (capítulos '95 a '97).
     
     Cientos de años atrás, en Japón se creía que los dioses, las bestias y los humanos solían vivir juntos compartiendo la tierra. Los humanos rendían sacrificios a los dioses como gratitud por los poderes sobrenaturales que usaban para ayudarlos, los monstruos y las bestias rara vez molestaban a los humanos. Pero el balance entre humanos, dioses y bestias se perturbó cuando Izanagi, el primer rey de los dioses (su equivalente en la mitología griega seria Urano) fue a la guerra en contra de su esposa Izanami (Gaia, la madre tierra para los antiguos griegos). La guerra trajo como consecuencia el nacimiento de seres malvados, los Oni (Ogros) usados como soldados y los dragones quienes surgían de las plantas que se alimentaban de la sangre derramada de los dioses.Por supuesto no todos estos nuevos seres eran malvados, pero el mal surgió en los corazones de muchos dioses durante la guerra ya que estaban expuestos a las llamas de los infiernos. Así fue como los dragones nacidos de esa sangre fueron malvados también. Yamatano Orochi o la Serpiente de las Ocho Cabezas fue una de las malvadas criaturas nacidas de la sangre de las divinidades en conflicto.
     
     Mil ochocientos años atrás, en la tierra de Izumo (lo que es ahora la prefectura de Shimane) fue bendecida con la presencia de una hermosa princesa conocida como Kushinada (Kushinada-hime). Orochi invadió Izumo con su presencia poco después de que Kushinada cumplió 16 años y demandó el sacrificio de ocho doncellas, una cada luna llena para apaciguar su apetito. Si el sacrificio no se rendía, los habitantes verían sus tierras destruidas. Los años pasaron y mas y mas doncellas eran sacrificadas, hasta que al final solo quedó la princesa Kushinada.
     
      El dios Susano-o visitaba esas tierras por aquel entonces y quedó perdidamente enamorado de la princesa al espiarla por una ventana. Prometio al rey de Izumo que él destruiría a Orochi con la condición de tomar a la princesa como esposa. Se le presentaron ocho barriles de sake a Orochi en la noche del sacrificio de la princesa Kushinada, uno en cada ventana o puerta de la casa. El sirviente que le llevó el vino insistió en que debían entretenerse con el alcohol antes de disfrutar la tan esperada comida. Orochi acepto y bebió con sus ocho cabezas. No esperaron mucho antes de oír los fuertes ronquidos causados por la borrachera de Orochi.
     
      Fue entonces que el sirviente se quitó su disfraz y revelo su verdadera identidad, el dios Susano-o. Le cortó las cabezas a Orochi, de su ombligo saco el sagrado medallón de la vida, el Yasakani no Magatama y las lagrimas de la ultima cabeza en morir fueron transformadas en un espejo, al ir a cortarle la cola, notó que era extrañamente dura, y de ella extrajo la espada Amenomurakuno no Tsurugi. A cambio de la mano de la princesa Kushinada, Susano-o dejó la espada, la cual más tarde se conocería como Kusanagi no Tsurugi, el medallón Yasakani no Magatama y el espejo, el cual más tarde fue entregado a Yata, la hermana menor de Kushinada y desde ése momento pasó a denominarse Yata no Kagami. Estos objetos son conocidos como "Los tres tesoros sagrados del Japón" y se dice que son preservados en el Palacio Imperial en Tokio.
    January 15

    La tortuga del pescador Urashima

    "Urashima vivió, hace cientos y cientos de años, en una de las islas situadas al oeste del archipiélago japonés. Era el único hijo de un matrimonio de pescadores. Una red y una barquichuela constituían toda su fortuna. Sin embargo, el matrimonio veía compensada su pobreza con la bondad de su hijo Urashima.
     
        Y sucedió que cierto día el muchacho caminaba por una de las calles de la aldea, cuando de pronto vió a unos cuantos chiquillos que maltrataban a una enorme tortuga. De seguir de aquel modo mucho tiempo, hubieran acabado por matarla, y Urashima decidió impedirlo. Se dirigió a los chicos, y, reprendiéndoles por su mala acción, les quitó la tortuga. Cuando la tuvo en sus manos, pensó dejarla en libertad, y para ello fué hacia la playa. Una vez allí, la llevó a la orilla y la dejó en el mar. Vió cómo la tortuga se alejaba poco a poco, y cuando la perdió de vista, Urashima regresó a su casa. Sentía una gran satisfacción por haber liberado al animal de sus pequeños verdugos.
     
        Transcurrió algún tiempo desde aquel día. Una mañana, el muchacho se fué a pescar. Tomó el camino que conducía a la playa y cuando llegó puso la barca en el agua, montó en ella y remó hacia dentro. Llevaba largo rato remando y perdió de vista la orilla; decidió echar al agua su red, y cuando tiró para sacarla hacia fuera, notó que le pesaba más que de costumbre. Logró subirla, y con gran sorpresa vió que dentro de la red estaba la tortuga que él mismo echó en el mar, la cual, dirigiéndose a él, le dijo que el rey de los mares, que había visto su buen corazón, la enviaba para conducirle a su palacio y casarle con su hija, la princesa Otohime. A Urashima le entusiasmaban las aventuras y accedió muy gustoso. Juntos se fueron mar adentro, hasta que llegaron a Riugú, la ciudad del reino del mar. Era maravillosa. Sus casas eran de esmeralda y los tejidos de oro; el suelo estaba cubierto de perlas y grandes árboles de coral daban sombra en los jardines; sus hojas eran de nácar y sus frutos de las más bellas pedrerías. Hacia los asombrados ojos de Urashima avanzaba una hermosísima doncella: era Otohime, la hija del rey del mar. Le recibió como a un esposo y juntos vivieron varios días en una completa felicidad. Todos colmaban al pescador de todo género de atenciones, y entre tanta delicia, Urashima no sintió que el tiempo pasaba. No podía precisar desde cuándo estaba allí. ¿Para qué había de saberlo? No debía importarle. La vida en aquel lugar maravilloso le parecía inmejorable; nunca pudo soñar nada semejante.
     
        Pero sucedió que un día se acordó de sus padres. ¿Qué sería de ellos? Sin duda sufrirían mucho sin saber lo que había sido de él. Y desde aquel momento la tristeza se apoderó de todo su ser. Nada lograba distraerle; ya no encontraba aquel lugar tan encantador y hasta le pareció menos bello. Sólo deseaba una cosa: volver junto a sus queridos padres. Y así se lo comunicó una mañana a su esposa, cuando ésta procuraba por todos los medios averiguar la causa de su pena. Al decirle Urashima lo que quería, Otohime se entristeció; procuró convencerle de que se quedara junto a ella, pero nada logró. El pescador estaba firme en su propósito. Así, pues, prometió volverle a la aldea, y con un lucido cortejo le acompañó hasta la playa. Cuando al fin llegaron, la princesa entregó a Urashima una pequeña caja de laca, atada con un cordón de seda. Le recomendó que, si quería volver a verla, nunca la abriese. Después se despidió de él y con su acompañamiento se internó en el mar.
     
        Pronto Urashima la perdió de vista. Con la cajita en sus manos, miraba fijamente a las aguas. Así estuvo algún tiempo; después recorrió la playa. De nuevo estaba en su pueblecito. Las mismas arenas, las rocas de siempre, el mismo sitio donde de pequeño tantas veces había ido a jugar; le parecía que su vida en la cuidad del mar había sido un sueño. ¡Qué lejos todo aquello! Entonces encaminó sus pasos hacia su casa; pero cuando entró en la aldea no supo por dónde tirar. La encontraba completamente cambiada: no la reconocía. Las casas eran más grandes; los tejados de pizarra habían sustituido a los que él vió de paja. La gente se vestía con vistosos kimonos bordados. Parecía otro lugar. Y, sin embargo, era su pueblo; estaba seguro. La misma playa, las mismas montañas. Sólo las casas y la gente habín cambiado.
     
        Entonces decidió preguntar a unos muchachos en dónde se encontraba la casa del pescador Urashima, puesto que éste era también el nombre de su padre. Los muchachos no supieron responderle; no conocían a tal pescador. Entró en un comercio e hizo igual pregunta al dueño; pero le dijo lo mismo que los chicos: nunca había oído hablar de tal pescador, y eso que creía conocer a todo el pueblo. En esto acertó a pasar por allí un hombre que debía de tener muchos años, a juzgar por su apariencia. Era conocido por saber mil historietas antiguas del pueblo y conocer las vidas de sus antiguos habitantes. Urashima se dirigió a él, por indicacion del dueño de la tienda y le preguntó dónde estaba la casa del pescador Urashima. El viejo no contestó; se quedó un momento pensativo, y al cabo de un rato dijo que casi lo había olvidado, porque habín pasado más de cien años desde que murió el matrimonio. Su único hijo decían que un día salió a pescar, y a partir de entonces nadie volvió a saber lo que le sucedió. Urashima empezó a comprender: mientras vivió en la ciudad del mar había perdido la noción del tiempo. Lo que le habín parecido sólo unos cuantos días habían sido más de cien años.
     
        No supo qué hacer; se encontraba completamente solo en un pueblo que, aunque era el suyo, le era absolutamente extraño. Entonces se dirigió a la playa; puesto que había perdido a sus padres, volvería con la princesa Otohime. Pero ¿Cómo llegar a ella? En su precipitación por ver a sus padres, olvidó, cuando se despidieron, preguntarle de qué medio se valdría para volver a verla. De pronto, recordó la cajita que tenía entre sus manos; se olvidó de que no debía abrirla, y pensó que, haciéndolo, quizá pudiera ir junto a Otohime.
     
        Desató sus cordones y la destapó. Al instante salió de ella una nubecilla que se fué elevando, elevando, hasta perderse de vista. En vano Urashima intentó alcanzarla. Entonces recordó la recomendación de la princesa; su atolondramiento le había perdido. Ya no volvería a verla. De pronto sintió que sus fuerzas le abandonaban, sus cabellos encanecían, innumerables arrugas surcaron su piel; su corazón cesó de latir, y, al fin, cayó al suelo. Cuando a la mañana siguiente fueron los muchachos a bañarse, vieron tendido en la arena a un hombre decrépito, sin vida. era Urashima que había muerto de viejo."

     

    Éste es un cuento tradicional japonés, muy popular en su país. Alecciona sobre los peligros de olvidar las cosas verdaderamente importantes tales como seres queridos en pos de acaparar otras más efímeras.